Los vecinos de los muertos



Texto: Roberto Flores
Fotos: Rodrigo Sura

Hay una lógica simple le sirve a don Mariano Lemus para encontrar serenidad en su casa: los humanos poseen un cuerpo y un alma. Cuando alguien muere el alma se va y queda un cuerpo incapaz de moverse, razonar o asustar. “Hay que tenerle más miedo a los vivos que a los muertos” dice don Mariano y su razonamiento, asegura, lo comparten sus vecinos.
Y así es.

Quienes viven en la comunidad están convencidos de que los muertos no asustan y que haber establecido sus casas en un cementerio no conlleva mayor dificultad que la posibilidad de un repentino incremento del número de muertes en la zona.
La comunidad se llama Colinas de Cuscatlán, un montón de casas construidas, la mayoría, de láminas y madera en el costado izquierdo al interior del Cementerio Municipal de Antiguo Cuscatlán, La Libertad. Ahí aproximadamente 300 familias comparten el lugar con cruces y lápidas que, si se contemplan desde la entrada principal, se extienden hasta donde la vista no alcanza.

Lemus, un hombre de 65 años, de manos ásperas, bigote y pelo cano, reservado en palabras, está recostado sobre el marco de la puerta de su vivienda. Se le pide que cuente la historia del lugar y, enseguida, acude a los recuerdos que ha acumulado desde 1975, año en que se mudó a la zona.

Al principio, cuenta, eran alrededor de seis las champas que ya estaban en el lugar. Las circunstancias que lo obligaron a instalarse junto a su anterior esposa en tan inhóspito destino eran las mismas de quienes ya vivían ahí: la pobreza y sus redes los atraparon y el conflicto armado salvadoreño, que por aquel entonces germinaba, los remataba.

Poco a poco se sumaron más familias convirtiendo, mucho después, aquellas seis champas en lo que don Mariano ve ahora al girar la cabeza hacia adentro de la comunidad: casas con agua potable, drenaje de aguas lluvias y aguas negras, luz eléctrica, televisión por cable en una casa (lujo atribuido quizás a las ofertas de las compañías de telecomunicaciones por aumentar el número de consumidores), tiendas y caminos de cemento. Todo gracias a la organización de los vecinos y la ayuda, durante un tiempo, de una organización no gubernamental. Es lo que más destaca Lemus, que desde el principio no tuvieron más compañía que la de los muertos.
Su tono es severo cuando cuenta que en el Consejo Municipal de la Alcaldía de Antiguo Cuscatlán les llaman usurpadores. El apelativo es un insulto para quien asegura que las administraciones anteriores a la alcaldesa Milagro Navas autorizaron, de palabra, su instalación dentro del cementerio. Ahora, don Mariano y la mayoría de sus vecinos, dicen que son atacados en épocas electorales.
Cada tres años, en vísperas de las elecciones municipales -cuentan los vecinos de los muertos- es frecuente que una de las promesas de campaña sea el desalojo de la “comunidad las cruces” (que es uno de los tantos pseudónimos a los que da lugar la relación entre la Comunidad Colinas de Cuscatlán y el cementerio), pues ésta es una molestia para los contribuyentes, además de ser un foco de delincuencia.

José Santos Mejía, vecino de don Mariano y presidente de la directiva de la comunidad, razona sobre el primero de los argumentos anteriores y desmiente el otro. Ha vivido en el lugar 32 de sus 46 años. Es preciso en el diálogo gracias a que se identifica con el interés común de sus vecinos, razón decisiva al elegirlo presidente de la directiva hace diez años.

Dice que la justificación para desatender cualquier explicación de carácter ético, moral o sanitario del por qué no se puede vivir en un cementerio es la pobreza. De ella, se puede verificar fácilmente, son víctimas él y sus vecinos. Ella los obligó a vivir ahí y ahora les impide asumir los gastos que implicaría la mudanza a otro sitio.

Con la alcaldía, dice José, no hay relación más que el diálogo monótono que casualmente entablan con los empleados de la administración municipal del cementerio. En ocasiones cuadrillas de fumigación y vacunación llegan a la comunidad, pero solo sucede en épocas en que las epidemias mueven esfuerzos dentro de la comuna.

De salidas razonables al conflicto no se ha hablado. De hecho José desmiente que hayan accedido a reubicarse, tal como, según él, fue notificado tiempo atrás en los medios de comunicación. Si los mueven del lugar él lo llamará desalojo, con el agravante de que no han ofrecido una alternativa viable para su situación. De presentarse una, comenta, los miembros de la comunidad estarían en la disposición de marcharse.

Sobre que el lugar es foco de delincuencia, José dice que no es cierto y para evitarlo han ejecutado acciones sencillas: impedir que desconocidos se muden al lugar e incentivar el deporte. En ambas cosas José trata de participar activamente. Administra dos equipos de fútbol juvenil, uno femenino y otro masculino, que participan en un torneo local. Por eso, explica, cuando le dicen que una de las razones por las cuales los desalojarían es que de ahí provienen delincuentes, José no duda en desmentir la acusación.

La vida y las tumbas
Apenas una línea de matorrales, mezclados con lápidas y cruces con nombres borrosos, separan las casas del resto de las tumbas. Esa división sirve como para establecer una frontera entre los hogares y el cementerio. Pero ambos convergen a diario. Son comunes la plática rutinaria sentado sobre una tumba y las horas de almuerzo sobre mesas rodeadas de lápidas, frente a una tienda que hace las veces de comedor y cervecería.

El espacio que prestan los angostos caminos entre las casas es poco para que se desarrollen las actividades diarias: un juego infantil, conversaciones de enamorados, cocinar para los hijos, jergas imprudentes, etc. Incluso es insuficiente para formar una familia. La de Marta Alicia López, vecina del lugar desde hace 10 años, lo ejemplifica.

Su casa tiene tres cuartos, cada uno aproximadamente de 2x3 metros. Ahí habitan tres familias: la de ella y su esposo y las de los matrimonios de sus dos hijos mayores, los cuales a su vez la han convertido en abuela. En total nueve personas viven en el reducido espacio. El claustro aquí se combate trabajando (para quienes trabajan) y con las tumbas. En ocasiones, dice Marta, los niños juegan escondelero a altas horas de la noche.

Ella comenta que ha visto muchos entierros y las caras de dolor de quienes pierden a un ser querido. Es duro –asegura- pero somos humanos y debemos de morir algún día. Ella y don Mariano, quien es su vecino, recuerdan que en la época de la guerra fue cuando más muertos veían a diario. Hasta diez cuerpos tenía que esquivar para entrar y salir de la comunidad. Los colocaban en la entrada y se enterraban luego, la mayoría sin identificar.

Hay ocasiones en que se saca provecho económico a la celebración del 2 de noviembre, Día de los Difuntos. En el último que pasó, varias jóvenes anunciaban a los visitantes almuerzos de carne, arroz y ensalada a la venta en un chalet improvisado. La actividad sirve para financiar uno de los equipos que administra José, el presidente de la directiva.

Ese mismo día María Guadalupe Rodríguez, con más de cuarenta años enflorando el 2 de noviembre, visita las tumbas de sus seres queridos. Una de ellas, la que enflora, está prácticamente dentro de la comunidad. Es una falta de respeto, dice. Igual piensa Delmy Reyes, que visita los restos de su madre. A ella una señora le ha contado hace un rato que robaron el hierro de la verja de un nicho familiar y que sospecha de los vecinos.

José, asegura que nunca ha escuchado que a alguno de sus vecinos le pongan quejas como las de María y Delmy, pero sin duda las hay.

Hay vida en el Cementerio Municipal de Antiguo Cuscatlán. Gente que ahí duerme, come y se levanta para ir a trabajar. No saben por el momento si serán desalojados o si se prolonga la amistad con sus vecinos. Mientras, conviven con las tumbas, agradeciendo que al menos a ellos aún les queda vida.

Calabiuza: Espectros y dulce.









Fotos y Texto: Iván Hernández

Los muertos salen de sus tumbas, el Cadejo resplandece sus ojos de carbón encendido. La Ciguanaba contorsiona sus largos pechos y despeinada melena, su hijo el Cipitío camina bajo su enorme sombrero. El Padre Sin Cabeza esparce agua bendita, el Gritón de Media Noche danza con la Llorona… a todos les sigue la Carreta Chillona armada de huesos y antorchas, conducida por espectros salvadoreños que claman por un poco de Dulce de Ayote.

Así se celebra el Día de Todos los Santos en Tonacatepeque, todos los 1 de noviembre este Municipio del norte de San Salvador realiza la fiesta de la “Calabiuza” que consiste en un desfile de disfraces de personajes de la mitología salvadoreña y en la repartición de ayote o calabaza en miel.

La municipalidad que ha tomado las riendas de este evento se encarga de la preparación del dulce y de premiar las mejores carrozas y espantos.

La “Calabiuza” se enmarca en dos fechas importantes para el calendario de celebraciones salvadoreñas 31 de octubre y 2 de noviembre. En la primera fecha 31 día de brujas, que según los organizadores la “Calabiuza” no es una extensión de “Hallowen” sino un evento cultural que trata de rescatar la identidad nacional por medio de los personajes mitológicos guanacos que se han transmitidos por generaciones para no apegarse a otros mitos ajenos a los salvadoreños.

Los jicameros, como se les conoce a los originarios de Tonacatepeque y su creativa fiesta de espantos autóctonos y Dulce de Ayote se han convertido en un destino turístico por la riqueza cultural que encierra la “Calabiuza”. El Pie de Foto corriendo los riesgos más allá de “ultra tumba” trae para sus lectores una muestra de imágenes de esta fantasmagórica pero deliciosa expresión cultural.

FITI: Curarse con un poco de Risas.








Fotos: Rodrigo Sura e Iván Hernández

Texto : Rodrigo Sura


Había una vez en un hospital de niños una pareja de médicos poco usuales, que curaban a sus pacientes con sobredosis de alegría, inyecciones sin dolor y pastillas para reír; en donde las cirugías sanan con el corazón.

Se trata de la Valentina y Rimas, dos marionetas de la compañía teatral española Sol y Tierra que parecen cobrar vida en las voces de sus titiriteros, que brindaron una tarde alegre a los niños del Hospital Benjamín Bloom, como parte de una presentación especial en el marco del Festival Internacional de Teatro Infantil, FITI.

Unos 60 niños ingresados en diferentes áreas del hospital disfrutaron por más de una hora de la presentación de marionetas y títeres en la que los menores tuvieron la oportunidad de interactuar con los personajes y olvidarse por un momento del las enfermedades o lesiones que les aquejan.

Pablo Enrique Menjívar, de 9 años, no descuida ni por un instante el show; los vendajes que ocultan sus quemaduras pierden interés al escuchar sus carcajadas. Casi con la misma expresión y a la par de Pablo está Josselin Rivas quien ha sus diez años ha vivido la mayor parte de su vida en una silla de ruedas producto de una parálisis. "Son muy divertidos deberían venir mas seguido" comenta Josselin con mucho agrado.


Así transcurrió la visita inesperada para las niñas y niños del hospital Bloom, que dejaron de lado sus malestares y dolencias a cambio de una tarde diferente, llena de alegría donde una sonrisa inocente se convirtió en la mejor de las medicinas.


Los españoles Sol y Tierra y Divertititres de Argentina fueron los invitados del Festival Internacional de Teatro Infantil (FITI) en El Salvador el recién pasado mes de octubre. El FITI se realiza cada año a la vez de promover la cultura teatral en los niños pretende llegar hasta aquellos quienes no tiene la posibilidad de estar en las butacas, por eso es que el teatro cobra vida en las comunidades y en la historia que acá contamos: en Hospital de Niños.

Los niños disfrutaron y rieron mucho, Y colorín colorado este cuento se ha acabado pero las aventuras y las risas regresan el próximo año.

Teatro Kabuki: estilo y tradición japonesa







Fotos: Rodrigo Sura e Ivàn Hernàndez
Texto: Rodrigo Sura


La sala está repleta, baja la intensidad de la luces y como no queriendo ser vista, una silueta se pasea lentamente simulando el movimiento de sus alas por el escenario que nos transporta a un campo congelado en medio del invierno. Así comienza “Sagimusume” o la garza doncella, una obra en la que una garza encarna a una doncella, quien expresa sus movimientos a través de la actuación y la danza; y con ello también daba inicio uno de los espectáculos culturales más importantes del mundo, el Teatro Kabuki.

La belleza del kabuki fue apreciada por primera vez en El Salvador con dos únicas presentaciones interpretadas por la compañía teatral japonesa Shochiku, en la que se montaron dos muestras diferentes, “Sagimusume” la cual se realiza en un set recreado como si fuese un campo invernal en la que el personaje conocido como “onnagata”, realiza una danza alternada con una serie de transformaciones que se representan con cambios de vestuario.

La segunda muestra fue “Sakkyo” (Danza del león) acto que se realiza en una ambientación que representa un legendario puente de piedra localizado en la cima del monte Seiryo, en China, que cuenta la historia de un aristócrata japonés que renuncio a su vida cotidiana para convertirse en monje y que es reconocido por los “shishi”, una pareja de míticos leones que juguetean y danzan alrededor de las flores; una obra que demuestra mucha fuerza y dinamismo.

Un elemento fundamental del kabuki es la música que por medio del shamisen, instrumento de cuerda como si fuese una guitarra, y el narimono compuesto por percusiones.

Origenes del Teatro Kabuki

Se remonta al año 1603, cuando una mujer llamada Okuni, sacerdotisa del santuario Izumo, comenzó a realizar este nuevo estilo compuesto de danza, canto y actuación en el cauce seco de un río en Kioto. Al demostrar sus habilidades Okuni fue enviada por los sacerdotes a continuar sus presentaciones de baile y canto a cambio de contribuciones económicas o materiales para el santuario. Las actuaciones de Okuni incluyeron parodias humorísticas sobre citas de amantes en diversos establecimientos públicos y las reuniones entre los hombres y las prostitutas. Entre estos y otros bailes y actos, ganó mucha atención y comenzó a reunir a grandes multitudes dondequiera que ella actuara. Eventualmente, fue convocada para volver a al santuario, una llamada que ella ignoró, aunque continuó enviando dinero.

Okuni se retira alrededor del año 1610 para acabar desapareciendo con el tiempo de la vida pública. En 1629, debido a protestas públicas relacionadas con la moral de las menores, prohíbe a las mujeres realizar kabuki. Rápidamente fueron reemplazadas por jóvenes actores de sexo masculino, los cuales fueron también retirados rápidamente por problemas de prostitución y corrupción de la moral, solo permitiendo actuar a hombres mayores, lo que se ha convertido en práctica oficial y ha llegado hasta la actualidad.

Existen varias teorías sobre el año en que murió Okuni, pero ninguna contrastada, se habla de 1613, 1640 o 1658. En noviembre del año 2002, se erigió una estatua en su honor conmemorando los 400 años del kabuki.

LA RAZA QUE SE NIEGA A MORIR







Fotos y texto: Josué Parada.

Al son del pito y el tambor acompañados por las melodías interpretadas en marimba la Comunidad Indígena de Izalco conmemoró el Día Internacional de los Pueblos Indígenas.
Representantes de todas las cofradías indígenas se dieron cita en la “Alcaldía del Común”, autoridad que rige a la comunidad, para ser participes del evento.

El sonido del caracol invocando a los cuatro puntos cardinales, fue el inicio del ritual de invocación con el que se bendijo al fuego sagrado y que fue realizado por miembros de la comunidad. Este rito precede la coronación de la reina del a comunidad indígena que participa en las fiestas patronales de Izalco.

Los historiantes, conocidos en el lugar como el baile de “La Historia”, hacen su ingreso al ritmo de la música propia de la danza, seguidos por los mayordomos de las cofradías, mientras la marimba interpretaba música folclórica, como el carbonero, el panadero y las cortadoras.

“Como Alcaldía del Común queremos tratar de que la juventud conozca lo que nuestros abuelos nos enseñaron, para que ellos sigan en un futuro dándole vida a lo que por años han querido opacar”, expresó Tito Reyes Cuadra, Alcalde del Común, quien agregó que a comunidad busca recuperar las tradiciones que con los años han desaparecido, para lo cual trabajan en conjunto a la alcaldía municipal.

Los miembros del grupo Tepectunal-Danzantes del Jaguar Sonriente, realizan la danza nahua pipil, invocan a Tunanzin, nuestra madre, Tunatiu, el padre sol, ejecat, abuelo viento, Naha Atzin, el agua y a Umeteut, las dos energías de la vida. Sus movimientos son reflejo de la energía de la raza que se niega a morir.

TIERRA DE PLOMO





Texto: Roberto Flores
Fotos: Rodrigo Sura

La casa que don Hernán García Pérez alquila para montar su tienda cumple con todos los requisitos para que un negocio sea próspero: cuenta con un amplio espacio, el suficiente como para mantener a la vista del cliente todos los productos con los que comercia, además de estar ubicado en una zona estratégica, una cruz calle que representa el centro de la comunidad Tecpan, en donde también reside. La ubicación de la tienda permite que cualquier cliente potencial opte por buscarlo a él para comprar los productos de su necesidad. El único defecto del lugar que alquila es que nadie puede habitar en él.

Hace más de dos meses miembros de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA por sus siglas en ingles) en compañía de representantes del Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN) llegaron al lugar para recolectar muestras de suelo y agua en busca de niveles de plomo que pudieran dañar la salud de sus habitantes. Tales estudios fueron realizados a petición del MARN para poder obtener más evidencia en el caso de contaminación por parte de Baterías de El Salvador y poder proceder tanto en materia judicial como ambiental. Se realizarían pruebas de suelo, agua y cultivos que estuvieran en un radio de más de un kilómetro alrededor de la fábrica.

Los resultados de las muestras extraídas de la casa en donde don Hernán tiene su negocio fueron alarmantes: los niveles de contaminación por plomo alcanzaban los miles de partes por millón, niveles que dejaron impresionados incluso a los investigadores de la EPA asegura don Hernán. Días después, él mismo sería informado que esta casa, la de ubicación estratégica para los negocios, es inhabitable.

Durante las siguientes semanas, estudios hechos en las zonas aledañas a la fábrica, que dejó de funcionar en 2007, encontraron altas concentraciones de plomo en el suelo y el agua de algunos pozos. En algunos casos los resultados daban cuenta de niveles de entre 400 partes por millón y 40,000 partes por millón en el suelo y tres pozos con concentraciones de 0.016; 0.018 y 0.044 miligramos por litro (cuando los niveles aceptados como aceptables según la Norma Salvadoreña Obligatoria para Agua Potable es 0.01 miligramos por litro).

Las evidencias encontradas llevaron al Ministro de Medio Ambiente y Recursos Naturales, Herman Rosa Chávez, a dar el siguiente paso, sin precedentes en la historia de El Salvador: la primera declaración de emergencia ambiental en su historia.

Despertando las expectativas
“Declárese Estado de Emergencia Ambiental por un plazo de seis meses a partir de la entrada en vigencia del presente Decreto, en el área comprendida dentro del radio de 1,500 metros a partir de las instalaciones de donde funcionó, hasta el año 2007, la planta de fabricación y reciclaje de baterías ácido plomo de la Sociedad Baterías de El Salvador, S.A. de C.V”.

Así reza parte del decreto ejecutivo Nº 12 que a través del MARN declaraba la emergencia ambiental en las zonas señaladas. Dentro de esos 1,500 metros hay al menos siete comunidades y colonias que en su totalidad albergan más de 10 mil personas. Estos números remarcaban la magnitud del problema, por lo cual los esfuerzos por resolver la situación requerían de una acción interinstitucional.
En efecto, junto al MARN, el Ministerio de Salud, el Ministerio de Obras Públicas y la Administración Nacional de Acueductos y Alcantarillados fueron las principales encargadas de tomar cartas en el asunto.

Un día después de la declaración, los miembros de la mesa interinstitucional llegaron al Centro Escolar Cantón Sitio del Niño para realizar una reunión informativa con los pobladores de las comunidades afectadas. Las primeras declaraciones fueron para explicar los resultados de los estudios realizados por la EPA y las implicaciones que las altas concentraciones de plomo encontradas podrían traer a la salud de los habitantes.

Fueron tres los anuncios principales de aquella reunión: algunas viviendas serían declaradas inhabitables (entre ellas la casa que don Hernán alquila para montar su negocio), el cierre de cerca de al menos cinco pozos cuyas aguas estaban contaminadas y la posibilidad de clausurar los cultivos aledaños a las instalaciones de la fábrica.

Cuando se visita las zonas que abarca la declaratoria de emergencia ambiental se puede constatar la escasez de recursos económicos de la mayoría de sus habitantes. Gran parte de las familias cuyas viviendas están ubicadas cerca de las instalaciones de la fábrica dependen de la agricultura como una fuente de ingresos que se suma al dinero obtenido por algún trabajo temporal, en la mayoría de los casos mal remunerados.

Es fácil comprender, ante estos hechos, la preocupación que tales anuncios generaron en estas personas. Las autoridades presentes aquel día lo sabían, por lo cual prepararon un plan de acción, en base a lo establecido por el artículo 54 de la Ley de Medio Ambiente, para adoptar “medidas de ayuda, asistencia, movilización de recursos humanos y financieros, entre otros, para apoyar a las poblaciones afectadas y procurar el deterioro ocasionado”.

Los principales puntos del plan que se expusieron en aquel momento fueron la atención en salud de tipo especializada a la población afectada y expuesta al contaminante, abastecimiento de agua segura para el consumo humano, pavimentación de aproximadamente 1,300 metros lineales de calles y caminos alrededor de las instalaciones de fabrica y paquetes alimenticios para aquellas personas cuyos cultivos serían clausurados. En la mayor parte de los casos tales medidas se realizarían en un corto plazo.

Un mes bajo la emergencia
Mauricio Cruz es un hombre bastante elocuente y de basta simpatía entre los habitantes del Sitio del Niño. Preside el Comité Ambiental de dicha localidad, el cual fue formado para denunciar los daños que provocaba Baterías de El Salvador mucho antes de que el caso se convirtiera en un evento mediático, y conoce con gran precisión los detalles y casos de contaminación por plomo. Cuando se le pregunta sobre la forma en que han actuado las autoridades frente a la declaración de emergencia ambiental su sonrisa se torna sarcástica. Utiliza una comparación bastante ingeniosa para hablar de dicha actuación: “son como sompopos sin antenas”.
Esta alusión, según Mauricio, hace referencia a la falta de coordinación que los habitantes de las comunidades afectadas han visto entre las instituciones encargadas de administrar la emergencia. La descoordinación, dice Mauricio, se da incluso dentro de las mismas instituciones.

Recorriendo las zonas inmediatas a la fábrica se puede apreciar que el sentimiento es el mismo entre la población. Y también se puede comprobar el por qué.
En las puertas de la casa del señor René Gómez, ubicada a unos 150 metros de las instalaciones en donde funcionó Baterías de El Salvador, Gabriel Isaí, su nieto de aproximadamente 2 años, juega de forma inocente en la tierra. Los escasos recursos de la familia, compuesta por al menos 11 personas, impiden que el niño disponga de muchos zapatos, por lo cual sus horas de juego las disfruta descalzo.

El día que se realizó la reunión informativa entre los miembros de la mesa interinstitucional y la comunidad, el Ministro de Medio Ambiente aseguró que en este momento uno de los focos principales de contaminación es el contacto con el suelo en las zonas aledañas puesto que se corre el riesgo de absorber a través de la respiración partículas de plomo. La familia de don René Gómez lo sabe pero es casi imposible evitar que sus hijos menores y sus nietos utilicen la tierra como artículo de juego o como lienzo para sus dibujos infantiles.

Hasta que se declaró la emergencia, la principal fuente de agua de esta familia era un pozo artesanal. Luego de escuchar que algunos pozos de la zona están contaminados dejaron de usar esa agua para beber y ahora solo la utilizan para lavar y bañarse. A pesar de que se hicieron estudios en ese pozo para comprobar los niveles de concentración de plomo, al momento de ser entrevistados aún no se les entregaban los resultados de dichos estudios. Sin embargo, el sentido común les dice que si los pozos de los vecinos están contaminados este también lo está.

Don René también apela al sentido común al ser interrogado sobre si considera que la milpa que ha sembrado a unos 50 metros de la fábrica está contaminada. Las autoridades no han colocado sobre en ella uno de los rótulos que si tienen las milpas aledañas, exactamente atrás del recinto abandonado, el cual indica que ese cultivo no es apto para el consumo. La lógica le dice al señor Gómez que si la milpa de al lado no puede ser consumida, pues la de él tampoco. Pero en este caso, el hambre vence a la lógica. Su familia ya consumió la primera cosecha de maíz sin importar el riesgo al que se puedan someter.

De hecho, si bien los únicos cultivos que han sido clausurados y calificados como aptos para el consumo son los que ocupan alrededor de dos manzanas atrás de las instalaciones en donde funcionó Baterías de El Salvador, las autoridades no han dado el aval para que el resto de cultivos sean consumidos. Más bien, se ha pedido un tiempo de prudencia a sus dueños mientras se les realizan estudios para verificar si son comestibles o no.

Mientras se esperaba el resultado de estos estudios se prometió la distribución de canastas alimenticias a cargo de la Secretaría de Inclusión Social para solventar las necesidades alimenticias. Sin embargo, un mes después, la familia de doña Carmen Pineda, cuya hija Zoila Pineda es dueña de uno de esos cultivos que están bajo la sombra de los rótulos que rezan “cultivo contaminado con plomo”, no ha recibido la ayuda alimenticia prometida. Según ella, a pesar de que el maíz que siembran no es la principal fuente de ingresos, este sí representa un alivio a sus bolsillos.

Si sobrevivir sin comida es una tarea imposible, hacerlo sin agua es una tarea ingenua. El plan de acción contemplaba la instalación de tanques con suficiente capacidad para abastecer a las personas cuyos pozos serían cerrados. Sin embargo, al momento de realizar este reportaje, de al menos 8 tanques prometidos solo habían sido instalados dos cuyas condiciones y dimensiones dejaban mucho que desear: en un caso se les entrego sin tapadera y en el otro su capacidad no era la suficiente como para abastecer a una tan sola familia. A pesar de ello, a la fecha los pobladores agradecen que los tanques sean llenados cada 3 días.

Aún así los miembros del Comité Ambiental del Sitio del Niño aseguran que hace falta la colocación de al menos 10 tanques más en comunidades que no poseen agua potable.
La pavimentación de las calles más cercanas a la fábrica es otro de los puntos pendientes según el Comité Ambiental, puesto que es en estos suelos en donde las concentraciones de plomo son mucho más dañinas y la necesidad de los vecinos de utilizar estas vías de acceso pone en peligro su salud.

El papel realizado a la fecha por el Ministerio de Salud es quizás el que mejor evalúan los que habitan bajo la emergencia. Es loable, según Mauricio Cruz, el hecho de que se estén realizando exámenes a los niños de las escuelas aledañas para verificar si existe contaminación con plomo en ellos o no. Al momento de la declaratoria de emergencia ambiental, la Viceministra aseguró que son 121 los niños en los que se han encontrado concentraciones del contaminante arriba de lo normal. Gran parte de estos niños ya se encuentran bajo tratamiento y diversos especialistas se ocupan de ellos.
Sin embargo, la colaboración interinstitucional que se presumía ante la emergencia es la principal deuda que la mayoría reciente.

Cinco meses por delante
La evaluación que Mauricio Cruz, presidente del Comité Ambiental del Sitio del Niño, hace sobre la actuación de las autoridades gubernamentales durante el primer mes bajo emergencia ambiental en las comunidades afectadas por la contaminación de Baterías de El Salvador es pesimista. Los hechos a la fecha no alcanzan las expectativas. Cumplirlas, asegura Cruz, implica un compromiso de más seriedad por parte de las instituciones involucradas.

Don Hernán García Pérez sigue en el mismo lugar en el que le dijeron que no podía seguir con su negocio pues representaría un peligro para su salud. Una familia más habita esa casa. Todos coinciden en la desventaja que representaría para ellos abandonar su lugar, pues la accesibilidad del mismo y la comodidad en la renta no son cualidades fáciles de encontrar en un inmueble, aseguran. Como ellos otras dos familias se enfrentan a los mismos problemas: vivir con lo que tienen en donde no se puede (a costa de su salud) o vivir sin nada en donde puedan. El gobierno ha prometido una compensación económica a través de FONAVIPO para que encuentren un lugar que habitar sin poner en peligro sus vidas, pero ante la falta de conocimiento de un monto específico, sólo les resta esperar que sea lo suficiente para continuar con sus vidas.

La familia de don René Gómez confía a ciegas en que sus cultivos no estén contaminados a pesar de que la razón les dice que no es cierto. Pero en lugar de enredarse en juegos de lógica preferirían que se les diera una solución definitiva ante la carencia de alimento que provocaría dejar de consumir lo que cultivan.

Mientras, esperan que pronto la razón también toque a la puerta de las autoridades.
Con la primera emergencia ambiental declarada en El Salvador las autoridades encargadas de administrarla se han puesto a prueba. Las exigencias son muchas y las excusas apelan a los escasos recursos y la falta de experiencia. Sin embargo, mientras habla de ello, Mauricio Cruz emite un juicio que pone a pensar sobre la veracidad de las excusas: “para ser vivo no se necesita experiencia”.

Un Regalo de Colombia para El Salvador.




Textos y Fotos de Iván Hernández


Para celebrar el bicentenario de su independencia (1810-2010), su transformación de Nueva Granada a Colombia, la Compañía Colombiana de Ballet (INCOLBALLET) y la Embajada de Colombia en tierras salvadoreñas regaló al público local una colorida y expresiva presentación exclusiva el pasado 18 de julio.

Con el Teatro Presidente abarrotado INCOLBALLET, presentó las piezas “El Botón” que recrea las situaciones de presión que viven los ejecutivos, “Tanguéandonos” una mezcla de tango electrónico y “Barrio Ballet” inspirado en los ritmos y atmosfera de Cali, una mezcla de ritmos que muestran el proceso de mestizaje afro-colombiano.

INCOLBALLET fue creada en 1978 en Cali gracias al esfuerzo de la reconocida maestra Gloria Castro. De los más de 300 bailarines que posee la compañía 25 participaron en suelo salvadoreño, entre ellos Fernándo Arzuga, Andrea García, Mónica Quira, Andrea Salamanca, Camilo Cárdenas y muchos más que han arrancado aplausos con sus hermosos movientes en países tan distantes como República Checa, Francia, Alemania y en América en México, Cuba, Argentina entre otros.

Está muestra de Danza es la primera de mas de 40 que INCOLBALLET presentará en otros países latinoamericanos como parte de las celebraciones del Bicentenario de la Independencia del país cafetero.


Ver más fotos en galería

Followers